Es uno de esos misterios de la vida, los abre-fáciles, que muy pocos sirven de verdad. Siempre acaba uno quedándose con la anilla de una lata y te dan ganas de lanzarla, vaya que explote cual granada. O
derramando parte del producto que sea, o peor, cuando lo que se derrama es tu propia sangre después de cortarse con la
puñetera tapa de las latas de melocotón en almíbar.
Ya está, era un simple reflexión de muestra de mi desagrado por los
abrefáciles de este mundo capitalista.
Javier Gómez, hombre del tiempo en laSexta: