miércoles, noviembre 01, 2006

Deformación educacional-generacional

En julio dije dos cosas: una, que mi reloj iba tres minutos adelantado y no sabía por qué; dos, que el sistema educativo que he tenido y sufrido me ha llevado a tener que admitir que no sé inglés pese a haber estudiado el idioma durante 10 cursos, por lo menos. Sobre la primera, mi reloj, ya no va tres minutos adelantado: ya va tres minutos y 40 segundos (o casi 40). Creo que es un ritmo algo elevado de adelanto automático, aunque no creo que lo suficiente para no tener que hacer el cambio de hora (+1) el próximo mes de marzo. Respecto al segundo, al sistema educativo, ahora re-reconozco que no sé inglés ni matemáticas. Triste.

A veces lo digo de broma aunque es en parte en serio, una broma-seria, podíamos llamarle: Me metí en bachillerato de letras huyendo de las matemáticas. No voy a echarme flores ni ponerme medallas [esto se dice cuando va a ponerse medalla y a echarse flores], pero yo he sido siempre en el colegio bastante buen estudiante. Pocas veces he entendido la educación y el ir a clase, hacer los deberes, estudiar, portarme bien en clase, tener respeto a los profesores… como una imposición o como algo para recibir una compensación después (un regalo de los padres o algo). No, lo he entendido como lo que debe ser las cosas normales. Es una suerte poder aprender cada día y cada año cosas nuevas y formarse, que es al final lo que cuenta y lo que ayudará en el futuro en nuestras vidas.
Sacaba bastante buenas notas (PA – progresa adecuadamente en la EGB, notables-sobres en la ESO, 7-8-9 en bachiller, ahora en la universidad media de notable, diría yo). Era bueno en historia. Aunque no tengo una buena memoria*, lo que ayudaba a estudiármelo sólo los últimos dos o tres días antes de un examen, aunque mis compañeros no se lo creyeran. Suelo estudiar andando, dando vueltas por mi cuarto y hablando, diciendo lo que tengo en los apuntes [bueno, digo más cosas, pero si se grabasen estaría en un manicomio bajo vigilancia], escuchándome para luego en el examen recordarme. A veces un pelín de memoria fotográfica ayuda, pero no puedo decir que al tenga: recuerdo que había cosas en tales posiciones. La repetición, leyendo o escribiendo, también las uso para estudiar. No me ha ido mal.

Por desgracia, soy consciente y me lamento de un gravísimo problema que tenemos nuestra generación (espero que el problema sea generalizado y no yo el único -mal de muchos consuelo de tontos-), aunque no es menos grave que el de las generaciones que vienen detrás. El problema es que nos hemos acostumbrado a estudiar lo que ‘cae en el examen’, lo que puntúa, lo que piden los profesores para aprobar. Eso ayuda a aprobar, evidentemente, pero no ayuda a aprender como se debería. Recuerdo, desde que la escuché, a María Galiana, actriz y sobre todo profesora, decir en la radio en una entrevista que ella, de pequeña, no preguntaba a los profesores eso de “esto cae en el examen?” ni nada del estilo. Ella y los demás querían aprender lo máximo posible en cada materia. Nosotros no: vamos a por lo fácil, lo directo, lo imprescindible, lo mínimo.

Todo esto tiene relación con lo de matemáticas. También era bueno en matemáticas, reglas, multiplicaciones, divisiones (aunque jamás olvidaré que volví de un verano y se me olvidó por completo como se dividía con decimales), porcentajes, raíces cuadradas, ángulos… Pero cuando surgió entre nuestros problemas la X y sobre todo la Y, la cosa cambió. Empecé a suspender como nunca exámenes de matemáticas, incluso tuve que hacer exámenes de recuperación de los trimestres, aunque no suspendí nunca un trimestre en matemáticas (en el colegio sólo suspendí un trimestre Música, y del coraje que me dio saqué sobre los otros dos trimestres). Pasé de ser el compañero al que todos preguntaban cómo se resolvían los problemas, las cifras, a preguntarlo yo y a copiarme casi descaradamente en los ejercicios de clase. Lo pasé mal en ese curso de 2º de ESO, lo que hizo que me metiera en letras en 3º de la ESO, ya en el instituto. Aunque por el fracaso educativo colectivo que supuso aquella clase de 3º de ESO, pero exitazo en cuanto a pasarlo bien, y aconsejado por los profesores para poder seguir avanzando decentemente, me apunté en 4º de ESO en ciencias. Física, Química, Matemáticas… estaba claro. Además de saber que quería ser periodista, no podía ir por las ciencias mucho tiempo: a letras de cabeza.


Todo esto viene por los dos últimos días de clase de Empresa Informativa en la universidad. El profesor nos está enseñando el tema de las acciones de las empresas, las de la propiedad de una empresa. Porcentaje de participación, ampliaciones de capital, etc. han salido estos dos días en los que para aprender y ver ejemplos prácticos, se ponían cifras y cantidades a los supuestos: si tal tiene 50 millones de pesetas en acciones de esta empresa y se hace una ampliación de capital de la empresa y mantiene el mismo porcentaje y bla bla bla bla blaaa, bla bla, llueve sobre mojado… El caso es que había que hacer cuentas, sí, vale, eran relativamente fáciles, multiplicaciones, divisiones sin decimales, nada complicado. Salvo que llevamos mínimo cuatro años sin hacer cuentas en nada, y si las hemos hecho, usamos calculadoras, móviles o Inicio->Programas->Accesorios->Calculadora.
Casi al final de hacer las cuentas, de resolver la ampliación de capital del ejemplo práctico y ante el desastre matemático que éramos (fruto también de la poca atención, el aburrimiento, las pocas ganas, el “que lo diga otro”, etc.), el profesor dijo algo así como: “por favor, que alguien haga la cuenta con la calculadora al menos, pero que me diga el resultado bien, sólo uno, necesito creer que sabéis algo de matemáticas básicas”.
En ese momento lo vi como Fox Mulder, de Expediente X: en su despacho sentado o buscando papeles, haciendo algo, y detrás de él un póster en la pared con dos naves extraterrestres, el signo más (+) en medio y el signo igual (=) y a la derecha de la fórmula una interrogación (?), y la leyenda debajo de “I want to relieve”.


La verdad que iba a escribir este post sólo por la imagen esa del póster, pero como digo, todo tiene su por qué, aunque eso suponga contar rollos de este calibre.
Por cierto, al acabar la clase he preguntado a los compañeros si nadie iba a decirle al jugador si esto de los números y las ampliaciones de capital iban a caer en el examen: deformación educacional-generacional.


[Al final he hecho la imagen más o menos del póster, la pongo como imagen de post. Photoshop Power]



*un día escribiré un relación de momentos que recuerdo y no sé por qué. Momentos concretos de situaciones concretas, no toda la acción, ni siquiera un recuerdo nítido; sensaciones, sentimientos, recuerdo de tener recuerdos…




3 comentarios:

Oneyed-Jack dijo...

hey!
que razón k tienes...xD, es un problema generacional, no te preocupes. De hecho es trans-generacional, a mi también me afecta xD

Pablo J. Rivera dijo...

Yo lo noto sobre todo en el inglés, pero es cierto, sólo estudiamos para aprobar. Aunque yo tengo profesores que admiten que ellos eran igual (y que admiten también que estaban equivocados).

_hansi_ dijo...

Cuánta razón tienes. Te confieso una cosa, verás. Quizá sea un peín raro, pero a mí, ya desde la ESO (nombre que le viene como anillo al dedo: "esa cosa"), me resultaba molesto el afán por limitarme a lo que cayese en el examen. Se asemejaba a un trámite. Esto lo digo porque en Bachiller, no pocas veces me sentía extraño: es que me gustaba lo que estudiaba, sobre todo en segundo. Realmente disfrutaba estudiando Filosofía o Historia del Arte. Creía sufrir una enfermedad. Pero es que, te lo prometo, gozaba aprendiendo. Echo de menos aquella época, porque en la Facultad no he experimentado esto en más de cuatro o cinco asignaturas. Bueno, no se por qué estoy soltando este rollazo, pero yo al menos se lo que me digo. En fin, que me ha gustado mucho este post (y todo tu blog en general).